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Emociones y culpa en la lactancia
La lactancia es un período lleno de desafíos emocionales tanto para las madres primerizas como para las experimentadas. A menudo, junto con la alegría y la conexión profunda que se desarrolla al amamantar, las madres pueden experimentar una gama de emociones complejas, incluyendo culpa y ansiedad. Todos y todas sabemos los beneficios de la lactancia materna y cada vez se encuentran más, pero cuando esto se transforma en una exigencia y las madres lo sienten como única opción para alimentar a sus bebés, genera mucha culpa cuando no es posible.
Las puericultoras acompañamos no solo desde la técnica, sino desde un abordaje emocional donde la compasión, la empatía y el respeto deben anteponerse a cualquier tipo de creencia, tendencia o fundamentalismo. Es crucial ofrecer apoyo emocional efectivo y sensible para ayudar a las madres a navegar estas emociones.
Emociones en la lactancia
Durante la lactancia, es normal que las madres experimenten una montaña rusa emocional. Estas emociones pueden ser provocadas por diversos factores, como dificultades en el amamantamiento, presiones sociales, cansancio, y expectativas personales o ajenas no cumplidas. A esto se suma un factor fisiológico que es el torbellino hormonal al cual las madres quedan expuestas luego de parir y en el transcurso de la lactancia, todo esto se incrementa.
Presión y expectativas
La sociedad a menudo impone altas expectativas sobre la lactancia, idealizando esta experiencia y minimizando los desafíos que conlleva. Esto puede llevar a las madres a sentirse exigidas a ser exitosas en su trabajo, como pareja, recuperar su estado físico y a alimentar sí o sí con lactancia exclusiva. Es poco probable ser tan exitosas en todo; algo hay que ceder o reacomodar. Al comienzo, muchas veces es una lucha con nuestro propio narcisismo, algo debemos ceder si elegimos amamantar, es decir, quizás no podamos tener la misma vida ni cantidad de actividades que teníamos antes de ser mamá. Todo volverá; vale la pena la entrega que la lactancia requiere. No todas las mujeres están dispuestas a hacerlo, y eso no está ni bien ni mal.
Cuando todo esto no sale como nos imponen que tiene que ser, cuando nos enfrentamos a las dificultades, nos sentimos malas madres. Sentimos culpa. Esta palabra siempre estará al acecho de todas las madres. Muchas mujeres sienten culpa si no pueden amamantar de la manera que habían planeado, si la lactancia les resulta dolorosa o incómoda, o si deciden dejar de amamantar antes de lo esperado. A veces, por tener que atravesar alguna situación médica, deben suspender o inhibir la lactancia. ¿A quién le debemos rendir cuentas? En realidad, cada cual hace lo que puede y lo que le parece; no existe un único camino. No se trata de lactancia exclusiva versus fórmula exclusiva, no es blanco o negro, hay una tonalidad muy variada de grises con la cual cada una pintará su propio camino. A veces recurrimos a la fórmula infantil, hasta que baja la leche y, una vez instalada la lactancia, ya no la necesitamos más. Siempre es importante priorizar el adecuado desarrollo del o la bebé y que la mamá pueda estar bien. Insisto, no es fácil al comienzo lograr una lactancia exclusiva, pero si bajamos la expectativa, buscamos ayuda de una puericultora y tenemos mucha paciencia, ¡es posible!
El tiempo es otro factor importante; muchos binomios mamá-bebé requieren de un poco más de tiempo para terminar de madurar, ya sea la succión en el caso del bebé o la bebé o el manejo materno, que aún está en progreso.
Ansiedad y depresión
Problemas como la mastitis, el dolor durante la lactancia, o la preocupación constante ya que la supervivencia del bebé depende exclusivamente de los padres y de la madre en particular, tiene una carga emocional muy fuerte. Esto, sumado a otros factores, puede contribuir al desarrollo de ansiedad o depresión postparto. Este tema es muy importante, ya que muchas veces no son diagnosticadas. Hay que recordar que mucha medicación es compatible con la lactancia; por desconocimiento, o se suprime la medicación o se desalienta la lactancia materna sin haber chequeado si es compatible con los medicamentos.
¿Cómo podemos ayudar a reducir estos sentimientos?
El papel de los cuidadores, cuidadoras y profesionales de la salud es esencial para proporcionar un entorno de apoyo que permita a la madre expresar y manejar sus emociones de manera saludable. Los medios y las redes también influyen al mostrarnos siempre imágenes determinadas que no corresponden con el común de las mujeres, ejerciendo un nivel de exigencia que genera sentimientos de frustración y culpa.
Claves para acompañar a la madre:
Validar los sentimientos de la mamá: compartiendo que es normal sentirse abrumada o incierta. Escuchar sin juzgar proporciona un gran alivio emocional.
Proporcionar información precisa: sobre los desafíos comunes de la lactancia y las maneras de superarlos puede empoderar a las madres y reducir su ansiedad.
Grupos de apoyo: animar a las madres a unirse a grupos de apoyo de lactancia, donde pueden compartir experiencias y consejos con otras madres en situaciones similares. Esto genera un sentimiento de humanidad compartida.
Consultas con puericultoras y puericultores: las consultas prenatales favorecen el proceso brindando información clara, oportuna y en un buen momento para conversar sobre los miedos, ansiedades y experiencias previas, ofreciendo soluciones prácticas y apoyo emocional.
Cuidado integral: reconocer que la salud emocional de la madre es tan importante como su salud física. Asegurarse de que recibe el cuidado y la atención adecuados durante este período crítico. Como puericultora, muchas veces convoco a un trabajo interdisciplinario con el o la obstetra, psicólogas/os perinatales, psiquiatras, pediatras, fonoaudiólogos/as u odontopediatras.
Considero fundamental acompañar desde el respeto, la escucha activa y la empatía, sea cual fuera la decisión de la madre. Por eso, al ingresar a una habitación, en mi recorrido diario de trabajo me presento y digo: “Estoy para acompañarte/los en la alimentación de tu bebé”, ya que no siempre la lactancia materna es la elección a priori de la mamá. Obvio que, si la respuesta es que no quiere amamantar, ella no tiene por qué darme explicaciones a mí. No obstante, con mucho respeto, como defensora de la lactancia materna, voy a asegurarme de que esa decisión no sea por falta de información adecuada o apoyo en alguna experiencia previa, y de sostener su decisión de no amamantar también con mucho respeto y amorosidad. Acompañar, ya que el cuerpo luego del parto continúa con un proceso fisiológico que requiere que la mujer esté informada y acompañada en caso de inhibirse la lactancia.
Para finalizar, me gustaría reconocer que la lactancia no solo es un acto biológico, sino también un proceso profundamente emocional. El apoyo, la comprensión y la validación son clave para ayudar a las madres a gestionar las emociones y la culpa que pueden surgir durante este tiempo. Al ofrecer un soporte integral, podemos contribuir a que la experiencia de lactancia sea más positiva y enriquecedora para las madres, fortaleciendo así el vínculo con sus bebés y promoviendo el bienestar emocional de toda la familia.
Recordá que la forma en como alimentás a tu bebé no te define como mamá, sino el vínculo que vas creando a lo largo de la vida. Por supuesto, la lactancia es una manera muy linda de vincularte con tu bebé, pero no es la única. Recordá que la lactancia materna es responsabilidad compartida; cuanto más empáticos, solidarios y flexibles seamos con las mujeres que amamantan, más lactancias serán salvadas.
Florencia Tolini
Puericultora